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viernes, 10 de junio de 2011

Londres

Y por fin retomo el blog. Después de un mes por tierras inglesas vuelvo. Y qué menos que volver dejando algo del lugar del que me he ido.

Reconozco que soy una persona bastante enamoradiza en todos los sentidos y que más bien tiendo a idealizar tanto a las personas como a las cosas (con lo que incluyo lugares). Y eso es lo que me ha pasado con Londres.
Me he enamorado.
Puede que no sea más que una de mis muchas exageraciones pero creo que es una ciudad increíble. Increíble y mágica, por ejemplo porque...


Los policías van al carrito de los helados.

Ves  multiculturalidad por donde pisas. Y ver a un borracho vestido de militar con un músico vestido con los ropajes típicos de su país resultará algo de lo más normal.
Te encuentras a los guardias más serios que probablemente hayas visto nunca (eso sí no podrás evitar que al menos te resulte curioso el que lleven un sombrero similar a un peluche gigante sobre su cabeza).

La policía no sólo compra helados. También va en bicicleta y lleva detrás de ella a un gran número de guardias con trompetas, tambores y demás instrumentos. Ah, y aunque parezca inofensiva jamás te pongas en su camino si pone así la mano, porque te llevarás un buen empujoncito.

Las estatuas sienten y besan. Y las mujeres ríen.

Ya puedes ir así....
... o asá, que quitando los extranjeros, nadie te mirará raro.


Hay parques para todos.

Y punkies ¡a punta pala!


Las calles están llenas de músicos...

... que disfrutan, y que tienen talento.

Eres libre de expresar tus ideas.

Aunque digan que se come mal, es mentira. Los mejores dulces que he probado en mi vida.

La gente se siente orgullosa de su país y tiendas horteras como esta dejan atrás a Leticia y a Felipe, ¿quién se compraría un bolso con sus caras?

Los pircings, tatuajes y dilatadores están por todas partes. Los tintes también. Y los lleva el empresario, el cajero, el artista o el intelectual.

Hay muchos, muchísimos teatros. En la calle y en los edificios.






Encuentras de todo. Incluso...

¡A Michal Jackson!

miércoles, 11 de mayo de 2011

Las catorce cosas que nunca pensé que llegaría a valorar tanto

1. Los muelles de una cama.
2. Papel higiénico (no servilletas).
3. Un suelo recto (no uno en el que rueda una canica).
4. Un suelo sin maqueta (sucia).
5. Una nevera en la que quepa comida.
6. Un desayuno y platos/vasos/tazas que no sean de plástico.
7. Ausencia de sonidos de tubería por las noches
8. Un váter normal (con cadena).
9. Una ducha sin pus.
10. Una percha.
11. Un cuarto con wifi (no un pasillo de hotel).
12. Ausencia de una alarma de incencios que suena unas dos veces al día.
13. Inexistencia de polillas y bichos bola habitando en tu cama.
14. LECHUGA.



Llegas a Londres. Te trasladas hasta Brighton (donde has alquilado un "apartamento"). Te meten en un... ¿cómo definirlo?... ¿Un conjunto de habitaciones de hotel; una cocina sucia para dos personas (pero usada por 10); un baño en el que te da más asco limpiarte que estar sucio y un salón (o en España llamado pasillo) inclinado, compuesto por 5 sillas y una tabla sujeta por tacos de madera bajo las patas, debido a la inclinación, que tiene la función de mesa? Después de dos días de quejas (desde España y desde aquí) los del hotel comienzan a odiarnos, pero conseguimos que nos cambien a otra habitación.
Tenemos cadena, una ducha normal, armarios y camas sin romper, ¡hasta ventana!


Hemos llegado a la conclusión de que estamos en una habitación normal.
Aun así, nos parece el paraíso.

He aquí nuestra pequeña (y gracias a Dios, pasada) pocilguita:

Eso sí, los ingleses, muy majos.