domingo, 21 de octubre de 2012

Poemas huérfanos (X)

X.

Has arrastrado mis vacíos más mundanos,
soplo a soplo hasta llenarlos de ausencia.

Mordaz, has derrotado a las sombras
que custodiaban mi espalda
contenida de bocados mudos,
y has vislumbrado los temblores
hacinados en la cima de mi pecho.

Guardaste otros vientres en tu regazo,
mas ahora tus poros se cubren con mi piel
y enciendes mis escápulas
tan cargadas, entonces, de silencios huracanados.

Has rezagado las sangrantes cicatrices
que otras te marcaron,
y has amarrando fuerte mis manos,
ávidas por descubrirte de principio a fin.

Porque borraste el frío del invierno
y es más cálida la noche
desde que te arropas con mis sábanas,
aquí me quedo.

Hasta que se desvanezca el aire.

Y cuando agotado esté
hasta el último halo de mi aliento,
me inventaré respirar,
y sin el más mínimo viento
dejaré el aquí
para irme allá a donde marches.

sábado, 29 de septiembre de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

Poemas huérfanos (IX)


IX.

Se me anegan los pulmones
de inhalar tu sórdido vacío.

Aún existes en el seno de mi cama,
aunque quizás seas ya ángel decaído
allá a lo lejos,
donde el cielo plañe de histeria
y la luna se adelgaza
hasta volverse cuadrada.
¡Pobre famélica
de cráteres ciegos!

Si perece tu boca,
moriría hasta el silencio,
y reventarían mis tímpanos secos
ayunos de armonía embalsamada.

Si perecen tus manos,
rodarían los restos de mis caderas,
rotas por tristes,
y mis dedos serían piel inerte
y de grietas manidas.

Si perecen tus ojos,
sería punto, para hacerme tu libro abierto,
y escribirte a sangre mi lengua,
y dibujarte a mimos mi costado.

Si perecen tus oídos,
movería los labios
hasta dejarte exhausto
y besaría tus orejas,
que sordas,
escucharían mis tórridas intenciones.

Si pereces tú...,
olvidaría respirar.

viernes, 4 de mayo de 2012

Poemas huérfanos (VIII)

VIII.
Sucumben las negras madreselvas
infestadas por el bicho de la noche,
que aniquila resguardos de luz
polvorienta 
y a rayos turbia.

Deberías dormir,
como hacen los niños a estas horas.
Pero tú niegas el descanso
para ser murciélago ciego,
y batir tus alas hediondas.

Tus ojos permanecen abiertos,
ecuánimes,
ante la magnitud de las nubes
que el propio cielo absorbe
y tan solo sientes,
pues perdiste la vista
al transmutarte
en animal nocturno.

Y quieren tus arterias
reposar sin tu permiso,
avasallan tus músculos
a tu más discreto cómplice
que resiste truenos mudos.

Ni el más leal verdugo
te aletargaría tras su acecho,
no perecerás
en lechos que esperan
tu llegada, tan lejana.

Pero ahí te dejo,
ahí nos dejo.
Yo me voy a dormir,
con mi otra mitad.

miércoles, 18 de abril de 2012

Poemas huérfanos (VII)

VII.

Parece que los días grises,
fusilados por la incipiente primavera,
se salieron de nuestras pupilas
tan tristes entonces...

Llegó el sol ansioso
de nosotros,
para dormir nuestros cuerpos
desnudos,
hasta con su fulgor
más dorado.

Recostados el uno en el otro,
sobre camas de cabida estrecha
y grandes sueños,
cambiábamos sábanas
descompuestas en besos.

Sin palabras,
y con aliento,
recorríamos con los dedos,
sin linde, silencios.

El tiempo se escurre
a parpadeos,
escapándose hacia
incertidumbres consteladas.

Pero ni ti ni a mí
nos importa,
pues las fragilidades
han desvanecido
ante nosotros,
tantas veces
como segundos a tu lado.

Fugitivo el tiempo,
se escapa,
cobarde de nosotros,
que por instantes,
nos hacemos eternos.

martes, 3 de abril de 2012

Poema a mi abuela

A mi abuela Rosi

A ti, mujer de sangre morena,
corazón claro y
risa caliente,
te debo tantas noches
como los vuelos de ida y vuelta
que cantaste a tu niña sin sueño.

A ti, mujer de ojos chicos,
que agrandas con tu mirar el mundo,
palias las tristezas encajadas en tripas ajenas
a base de sonrisas consentidas.
Y yo, te debo un pantano
de infinitas lágrimas estancadas y vírgenes,
que tú retuviste atándolas a tus pestañas.

A ti, mujer de brazos abiertos,
hasta los mudos te responden alegrías,
pues estas son tu idioma cotidiano,
y plantas esperanza allá por donde pisas,
pues eres ángel flamenco sin alas.
Y yo, te debo un mar de besos
por cada una de las caracolas que forman tu pelo
y dejas que acaricie el viento.

A ti, mujer de alma ancha
e ilusión salvaje,
te debo el aire que respiro,
y en este poema, te quiero,
y en esta vida, te adoro,
y en todas las demás, estaré contigo.

jueves, 29 de marzo de 2012

Manifiesto de los ombligos

Hay ombligos tristes hasta el estómago, grises de pelusa. Otros, son ombligos contentos, siempre con la boca bien abierta. Algunos, sobre todo en la ducha, son ombligos llorones, y sueltan lágrimas durante un tiempo indefinido. Unos pocos, son ombligos serios, y no pronuncian palabra alguna para manifestarse contra su reina, la tripa. También hay ombligos sufridores, habitantes de panzas flácidas, malolientes y peludas. Existen hasta los ombligos menstruados, sí señores, han entendido ustedes bien, he dicho ombligos menstruados. Estos son menos comunes, de hecho, personalmente, tan solo conozco un caso. No obstante, algunos universitarios con problemas de adaptación social dedican su tiempo libre a dibujar sexos de mujeres en tripas ajenas, haciendo del ombligo el clítoris más profundo jamás visto, con el fin de explicar qué es el arte.

Fíjense ustedes, ¿quién encontrará arte en un ombligo? Claro está que hay gente para todo...

Pero el tema de los ombligos viene al caso por una afirmación, de cuya veracidad fui consciente esta mañana, y que seguramente nunca se habrán parado a pensar: nacemos con una cicatriz. Cuando un niño desdentado de ceja rota, nos pregunta, esperando nuestra negativa para mostrarnos su superioridad por acabar de hacerse una brecha, si tenemos alguna cicatriz, jamás tenemos en cuenta a nuestro ombligo. No tenemos suficiente con hacerle caso omiso, con no expresar ningún tipo de consideración al saber que se trata de un elemento de nuestro cuerpo inútil, sin función alguna más que la de decorar; que también olvidamos su existencia. Cuán egoístas somos, y ¡pobres ombligos despreciados!

Planteémonos qué serían las tripas sin ellos, además de algo espantoso. Nuestro torso perdería su epicientro, y la estética se derrumbaría por cada milímetro cubierto de piel y abandonado de ombligo. La belleza que surge, cuando al derramar agua sobre un vientre esta cae a un mismo lugar, se borraría de forma instantánea. Por otra parte, se llevarían a cabo numerosos despidos, ante la carencia de demanda de pircings en tal sitio. Y frases tan sonadas en nuestro país como: esa chiquilla sí que luce ombligo, o, deja de mirarte el ombligo (mamón); desaparecerían del mapa.

Desde luego, se trataría de un suceso realmente triste.

Por ello, hago un llamamiento popular desde aquí, una cama cubierta por una sábana de abdómenes dibujados, para que se ponga fin al constante desdén hacia ese pequeño agujerito que guardamos en nuestra tripa. Hoy, España, se ha declarado en huelga. Huelga general. Y no es de extrañar que nuestros ombligos decidan manifestarse, con pancartas que manchen nuestras bonitas camisas hawaianas, o piquetes informativos que fastidien a las vellosidades de nuestro intestino, haciéndonos padecer diarrea durante, al menos, tres días.

Ante esto, cuidémoslos. Recordad que sólo tenemos uno, y que no hay bien estético más preciado en nuestro cuerpo. No hagáis que huyan, que las tripas tengan que declararse en estado de alarma, o que cierren los ombligos para convertirse en carne.

Creedme, sería una desgracia.

P.D: por un mundo mejor, con ombligos satisfechos.


Fdo: una joven de ombligo rebelde.